La gestión del dolor articular crónico se puede abordar desde muchos enfoques y lo ideal es combinar lo que hayas comprobado que proporciona alivio. Debido a las particularidades de cada enfermedad y a las circunstancias de cada persona, no todos los recursos dan los mismos resultados. Este artículo es una guía para ofrecerte los más eficaces.
Efectos del dolor a largo plazo
Las enfermedades osteomusculares como las artritis y artrosis se encuentran entre las primeras causas de discapacidad en todo el mundo. El dolor crónico te limita al realizar las actividades cotidianas y propicia estados de tristeza, ansiedad, ira o depresión. Más aún, este síntoma genera otras consecuencias:
- Aislamiento, al no participar en actividades sociales, por miedo a resultar una carga o no ser comprendido.
- Evitar la actividad física por temor a desencadenar el dolor.
- Trastornos del sueño ocasionados por la ansiedad o por el propio malestar.
- Dependencia de la medicación, que a veces es creciente.
Recomendaciones para afrontar el dolor articular a largo plazo
Una de las metas de aprender a gestionar este síntoma es impedir sus efectos lesivos sociales, físicos y emocionales. Esto depende no solo de que logres controlar su intensidad o duración, sino de que te mantengas activo en la medida de lo posible. Es importante entonces plantearte objetivos realistas:
- Calmar el dolor del día a día.
- Identificar los desencadenantes para evitar los brotes.
- Recobrar las funciones.
- Manejar el impacto social y emocional.
- Adoptar estrategias para afrontar el dolor.
1. Mejorar la calidad de vida
Es mucho lo que puedes hacer para mejorar tu bienestar a pesar de la enfermedad. Un primer paso esencial es comprender claramente lo que sucede con tus articulaciones. Habla con tu médico acerca de la enfermedad y aprende todo lo que puedas.
La terapia cognitivo-conductual ayuda a controlar los pensamientos negativos, y las técnicas de relajación también son útiles para contrarrestar la ira y la depresión.
2. Comer mejor
El sobrepeso y la obesidad son factores que influyen enormemente en la aparición del dolor en las articulaciones. Esto es particularmente cierto en las que reciben el peso del cuerpo, como la cadera, las rodillas, los tobillos y la zona lumbar.
Sin embargo, además de mantener el peso ideal, conviene modificar la dieta. Incluir pescados azules, nueces y aceite de oliva, así como frutas y vegetales frescos en los menús diarios proporciona nutrientes que ayudan a controlar la inflamación. Entre ellos destacan los antioxidantes, las vitaminas, los minerales y los ácidos grasos omega-3.
3. Mantener la actividad física
Llevar una vida sedentaria para que no aparezca el dolor no es la mejor opción. Las actividades a las que renuncies ahora serán más difíciles de retomar después, además de lo perjudicial que es la inactividad para todo el organismo.
Continúa con aficiones como la jardinería, el senderismo o la práctica de algún instrumento musical. Todas te proporcionarán beneficios sociales, emocionales y cognitivos.
El ejercicio de bajo impacto, como nadar o caminar, tiene varios efectos. Por una parte, contrarresta la atrofia que acompaña a muchas lesiones articulares y mejora el tono muscular, la amplitud de los movimientos y la resistencia.
Adicionalmente, los movimientos repetitivos activan la nutrición del cartílago. La razón es que el líquido sinovial que lo alimenta se difunde a su interior con más facilidad.
4. Calmar el dolor
Debes evitar las actividades que desencadenan el dolor, como saltar, correr, los ejercicios de alto impacto, cargar objetos pesados o usar las escaleras. Es conveniente que hables con tu médico para que te ofrezca el mejor esquema de tratamiento con el fin de calmar el malestar, o incluir algunos fármacos que frenen el avance de la enfermedad.
La terapia de viscosuplementación con inyecciones intraarticulares de ácido hialurónico son una alternativa para mejorar la función y paliar el dolor. El objetivo es reducir la inflamación y optimizar la lubricación que proporciona el líquido sinovial.
5. Terapias físicas
Alternar el uso de compresas frías y con otras calientes es una manera de calmar el dolor de forma rápida. El calor relaja los músculos doloridos y el frío reduce la inflamación y las molestias. Quizá sea conveniente utilizarlas poco antes de la hora de ir a la cama, para dormir mejor.
La fisioterapia también te brinda el recurso de los masajes, que aumentan la movilidad, relajan la musculatura y reducen el síntoma. Además, la estimulación eléctrica a través de la piel o el ultrasonido tienen efectos positivos en los tejidos profundos. Finalmente, la terapia ocupacional te ayuda a desempeñar las tareas cotidianas de forma tal que requieran un menor esfuerzo.
El dolor articular es un síntoma que afecta a millones de personas y existen innumerables recursos para controlarlo. Los años de la juventud no se recuperan, pero sí puedes conseguir más vitalidad, entusiasmo y plenitud para el presente. Los productos de Phytogen Medical Foods te ayudan a conservar tu calidad de vida. ¡Visítanos!











